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Pandemias
No aparece en los diarios la muerte de un joven en la Base de Guántanamo, ya van, por lo menos públicamente, cinco suicidios desde su inauguración como campo de tortura. No es noticia que anualmente dos millones de niñas y niños fallecen de diarria, ni que un millón de personas perecen a manos de la malaria, ni hablar de los diez millones de seres humanos que cada año se cobra el sarampión, la neumonía y otras enfermedades que pueden ser prevenidas y curables con vacunas baratas.
A nadie le importa la sed y la falta de escuelas de millones de niños en el mundo, tampoco la violencia que sufren los pequeños de Palestina y de Colombia, no duele que cada invierno en los países donde hay estaciones, sufran de frío y muchos mueran ahogados o quemados por el gas o el querosén, no es noticia, porque los pobres no lo son, porque no leen los diarios ni prenden la televisión, porque no la tienen y porque ellos no generan matrices de opinión. No son noticia porque son los nadie, los ninguneados.
Pero, lo que sí es noticia hoy es que una gripe originada por un modelo de producción que explota y reduce a los animales a simples objetos de enriquecimiento, a los animales y a los seres humanos, afecta sin distinción de clases sociales. Entonces, las industrias informativas se aprovechan que por una vez la clase media, acostumbrada a medio comprometerse cuando medio le interesa, sí se compromete ahora, porque se siente completamente vulnerable. Y ellos, que son la cara pública de los intereses capitalistas, nos venden mascarillas, remedios y embrujos varios para conjurar la rebelión de una granja en La Gloria, un pueblito de México, donde una transnacional, denunciada hasta el cansancio por sus habitantes, reproduce cochinos sin las mínimas normas de seguridad ambiental e higiénica y sin el menor respeto a ningún ser vivo, precisamente se presume que fue allí donde se originó el primer caso del famoso virus.
La paranoia se apodera de los ciudadanos, los que sí consumen informativos y diarios. Se arrodillan, le piden a dios, hacen promesas, se vacunan, se lavan las manos y cuando alguien estornuda cerca se mueren de miedo. Andan murmurando plegarias para no ser contagiados, mientras los niños de Colombia siguen buscando refugio a una guerra que genera tal vez más dividendos que la venta de la milagrera pastilla de La Roche, mientras en Irak queda cada vez menos y los gobiernos, como el mexicano, aprovechan la coyuntura paralizante para aprobar leyes antidemocráticas, que van en desmedro de los derechos humanos.
El virus provocado por un modelo de acumulación que explota y desangra al planeta, le sirve precisamente a los explotadores, la gente, la que sí genera matrices de cotorreo, se ha olvidado o en el mejor de los casos dejó en segundo plano, la crisis del sistema capitalista para cubrirse la boca y la nariz. Lo que hay en el mundo, en el mundo de las pantallas, es una pandemia de amnesia y de desmemoria, porque nos han inoculado el virus del no me meto y del no me importa si no es conmigo. Tal vez, surja alguna milagrosa vacuna o pastilla, embrujo o exorcismo, para devolvernos la humanidad, tal vez consigamos que la regalen a la vuelta de la esquina, para que nos ayude a destaparnos los ojos para mirar al otro, las manos para acunarlo y la boca para exigir la vida, por ellos.
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